Siempre fué más o menos así, vos mirabas para otro lado, incandecente, sentada o parada sobre algo, como un imán de luces que acaparaba la atención de los demás... entre esos demases estaba yo, que siempre buscaba un lugar en las penumbras para disfrutar de esa puesta en escena que se encargaba de resaltar tu belleza. Pero hubo un día en que nos hablamos, a ese día le sucedieron otros y en ese juego de pelota paleta que es la seducción, un día te invité al cine, como quien ya perdió todo en la ruleta y buscando la moneda para el colectivo encuentra una ficha más y decide jugarla con la certeza de que va a volver a perder... No sé que fue lo que sucedió con las vías del destino, las mismas que siempre te llevan rectas hacia el abismo, que ese día aceptaste mi invitación... Y que pim que pum fuimos a ver una película malísima, pero el tema era que yo, por lo general, iba solo al cine y de repente me encontre al lado tuyo en una sala oscura con esa pantalla que solo brillaba en tu cara, y ya no quería ver a Robert Redford explicándole no sé qué carajos a Brad Pitt, entonces te miré y me animé a besarte. Creo que elegí el momento justo porque tus labios (parado desde acá me parece que fué una combinación de Robert Redford, con Brad Pitt, con los pochoclos afrodisíacos que había comprado) respondieron a los míos fundiéndose en algo que yo no había experimentado hasta ese momento en mi vida... A ese día se le sucedieron otros en los cuales cada día fuí más felíz a tu lado. Días que no puedo describir porque mi pluma educada bajo las alas del dolor me impiden hablar de la felicidad... es más si lo analizamos un poco, y volviendo al tema de las vías del destino, creo que esa felicidad siempre te deja en la misma estación... porque un día me dejaste y esos labios que se fundían con los míos por primera vez en aquel miércoles de octubre en una sala de cine pedorra ahora volvían a ser ajenos a mí, a mostrarme esa expresión indiferente esa nuca que miraba para otro lado mientras yo buscaba un lugar en la penumbra para poder verte sin ser tan evidente... Tenía que verte otra vez como una desconocida y ya no podía atravesar esos 30 cms que nos separaban para acariciarte porque tus palabras, y tus ojos que repetían una y otra vez la misma frase que terminaba con "MAL" (y cuando deciás MAL tus ojos encendidos quemaban mis pupilas) ya tenían que ser parte del antaño .
El fín fue tan abrupto como este final... Hoy ya no puedo ir al cine solo... compro dos entradas, una para mí y otra para que se sienten todos mis recuerdos.

Auch...!!! =( Esa chica se pierde algo más que la posibilidad de ir al cine con alguien como vos "Tito"
ResponderSuprimirCuantas cosas perdío esa chica.
ResponderSuprimirLu.