
Es inevitable esto de las 4 de la mañana. La noche, por lo menos en su espíritu,
en su espíritu según yo, que estoy escribiendo esto mientras los pajaritos, los diarieros,
y los gallos que ven luz donde (todavía) no la hay ya cantan, venden versiones distorsionadas y cantan respectivamente.
Siento labios sobre el dedo índice de la mano izquierda y la nariz sobre el del medio, tengo frío.
En realidad tengo: frío en la nariz, el pecho-estomago, caliente, y el frío que vuelve a partir de las rodillas para abajo.
Me acabo de dar cuenta el día, en su unidad de 24 horas ultimamente repite un ciclo bastante bastante (creo que al poner dos veces bastante
resalto que es bastante) extraño, es como una lucha entre "está todo bien-esta todo como el orto". Para que te des una idea
está todo bien: dentro de unas semanas rindo un final-está todo como el orto- soy un pelotudo porque es un final que podría haber rendido en diciembre
y ahora no voy a tener mucho tiempo para estudiar porque la semana que viene laburo.
Y ahí empieza de vuelta... pero la mañana (ahora si con el sol institucionalizador) me trae a este colectivo que se traba siempre llegando al subte, ahora si tengo calor en todos lados.
Esto de la camisa y el repaso mental de lo que voy a repetir simulando convicción (soy malísimo para mentir) a ver si me dan este trabajo que no quiero,
pero bueno son 6 horas acá, allá, y quizás vuelva cansado a mi casa y así a las 4 de la mañana no tenga que escuchar a los pajaritos que cantan sin ver el sol...
