San Díaz nació en los primeros minutos de un 14 de septiembre.
Su padre fue un viejo lápiz 2=HB recluso por el olvido en una cartuchera de tela. No tenía nombre, producto heridas de varias peleas con lápices de colores de marca que se hacían los compadritos y si había algo que no le gustaba al padre de nuestro amigo eran los compadritos... el dolor de andar sin nombre le dio un aire de renegado ,y a pesar de su mala conducta y de picar a varias gomas justo en el centro rojo/azul, gris claro/gris oscuro y en el medio de las dos banderas, un día salió bajo libertad condicional, no sin antes sufrir la dolorosa ruptura de su punta por parte de un rencoroso compás a quien este 2=HB le debía dinero de viejas apuestas...
De su madre poco se sabe, en alguna otra vida había sido un árbol y tras varios procesos llegó a ser la página 18/19 del libro "El Cine Italiano (1942-1961)" de Angel Quintana.
Ambos se conocieron una tarde calurosa de septiembre, el venía de recorrer algunos renglones
de las 17 páginas anteriores y no pudo evitar detenerse al verla, era distinta a todas, no lo dudó un segundo cuando se lo dijo. Ella sabía que tenía la punta izquierda arrugada y una marca en el último renglón de esas que le dejó un amor pasional pero fugaz con una fotocopiadora de ciudad universitaria, pero le creyó. Grafito, celulosa, madera, un poco de cartón francés, eso que parece ser amor, plano de las cortinas o del tren que entra en el túnel con los violines que acarician las notas de la victoria, fundido a negro, negro-negro.
El ojo que surgió solo pudo ver hermandad en los amantes, la misma raíz, luego las chispas, el corazón roto y las lagrimas... en el resto del libro nadie comprendía porque San Díaz había nacido mudo con una mano izquierda y un filoso cuchillo en la derecha, su madre seguía llorando y su padre, recordó que no había sido hecho para legar nada al mundo y se perdió sin dejar rastros, sólo se sabe que las hojas sucesivas no lo conocieron, por lo cual siempre fue discriminado por ellas toda su vida.
A San Diaz mucho no le importó, con 18 páginas le bastaban para saber lo que quería acerca del neorrealismo, la visión de lo que era la realidad en el cine de la posguerra en Italia y que "Roma, ciudad abierta" había marcado un quiebre. Desarrolló su brazo cortando sandías al costado de la ruta y luego de unos años de vida pudo desarrollar su mano para que de ella brotara la sangre de su padre, ahora podía escribir, sin embargo conceptualizar solo le trajo la locura.
Descubrió que podía ignorar el sentido de esas palabras que le había proporcionado la casi muerta piel de su madre, comenzó a mezclar los sentidos de las mismas y a perderse en el infinito abismo de la incoherencia, intentó dibujarse un chancho con una aleta de tiburón para no sentirse solo, pero este lo atacó apenas pudo verlo, de dicha pelea su brazo se rompió.
El coro de las hojas sin subrayar se multiplicaba en su cabeza...
Ahora quedó varado, y loco al costado de la ruta. Por las noches camina los caminos visitando a la Difunta Correa o al Gauchito Gil quienes comparten su silencio y, a veces, sus regalos para animarlo. Al amanecer retorna a su puesto donde ahora vende las sandías enteras y a precios de principios de los noventa porque en esa época mi padre todavía tenía trabajo y auto, meses después se quedó sin ambos, pero yo aún recuerdo estas historias.
